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 Asunto: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Dom Mar 18, 2007 4:44 am 
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VIVIR DEL ARTE

Desde mi punto de vista, el Artista que produce verdadero ARTE puede vivir perfectamente de esta actividad.
Los Grandes Maestros vivieron y viven holgadamente.
Me aventuro a decir que hoy en día es facilísimo conquistar los mercados del Arte debido a la mediocridad reinante.
Incluso personas consideradas como artistas en determinados circuitos que utilizan con habilidad el marketing y el snobismo amasan verdaderas fortunas gracias a su "arte", siendo este un fraude.

El único requisito para "vivir del Arte" es, sin duda, ser un Artista.

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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Vie Abr 05, 2013 12:32 pm 
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y tener un padrino...


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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Sab Abr 06, 2013 1:23 pm 
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Muro escribió:
y tener un padrino...

Estimado Muro;

Afortunadamente, el Verdadero Arte se abre paso por sí solo.

Un cordial saludo.
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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Sab Abr 06, 2013 1:27 pm 
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Hombre hay casos y casos, a mi afortunadamente para lo poco que llevo pintando no me va nada mal!


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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Sab Abr 06, 2013 1:30 pm 
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Estimado Muro,

Si la Obra tiene Verdadera Categoría de Arte, no hace falta ningún "padrino" o extra(s) para su comercialización y venta.

Un cordial saludo.
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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Sab Abr 13, 2013 2:49 pm 
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Pienso, estimado Poul, que todo o casi todo conspira en los tiempos corrientes contra el arte verdadero. Peor aún: por las arterias de los tiempos actuales corre la cicuta que acabará con nuestra civilización. La posmodernidad lleva en sí el germen de su autodestrucción. El culto al cambio, lo nuevo y la diversidad, ya iniciado en la modernidad, alcanza su punto de ebullición en la posmodernidad. La modernidad pudo ser creativa y hacer progresar la ciencia, la literatura, las arte y la filosofía, pues, aunque rezaba al Dios de la novedad, todavía seguía conversando con el pasado, del que bebía y se inspiraba. La posmodernidad ya no dialoga con el pasado. Sólo consigo misma, en una especie de soliloquio esquizoide y subjetivista absolutamente improductivo. El pasado, en la mentalidad posmoderna, es un lastre del que hay que liberarse para poder volar hacia un paraíso de progreso, cambios y novedades infinito. La posmodernidad es liviana, etérea, ingrávida. Pero, por eso mismo, inane, lerda y carente de creatividad. Tirar por la borda el legado de siglos no nos ha hecho más creativos. La paradoja del asunto es que el culto al cambio, lo nuevo y lo diverso aboca a la imposibilidad de producir cambios y novedades de valor y novedades auténticas. A falta de nueces, más ruido, más variaciones sobre la nada. Por eso la posmodernidad es tan repetitiva y mortalmente aburrida. Es el sino de una época amnésica: vivir en el presente continuo, vivir en la nada, como los peces y los dementes seniles.

Para el hombre contemporáneo es extremadamente difícil entender -y menos vivir- el concepto de tiempo de que pudieron disfrutar los siglos clásicos. No podemos entender que el tiempo como recinto para la reflexión y la contemplación, para el pensamiento sosegado, juicioso y libre de la mortal prisa y ansia de novedad con que hoy miramos las cosas sin acertar a verlas. Todo se resuelve en una suicida huida hacia adelante, en un horrísono canto a la fugacidad y la superficialidad. Somos incapaces de aprehender la realidad, de atraparla con los mecanismos de la percepción y la inteligencia.
Ahora empiezo a entender que sólo unos pocos espíritus excepcionales puedan librarse de las garras de la fugacidad posmoderna. Cuanto he leído sobre la biografía de los pocos grandes pintores de hoy, demuestra que únicamente aquellas personas que nacen, o que desarrollan a lo largo de su vida, ese don ya perdido que llamamos paciencia pueden alcanzar a entender los secretos de los grandes artistas y filósofos del pasado. La paciencia es el cimiento en que reposan las inteligencias más lúcidas y penetrantes. Es la virtud que nos permite respetar el tempo de las cosas y los quehaceres con que indagamos la realidad. Sólo esos raros espíritus, capaces de vivir ajenos al trajín y el ruido que nos circundan y agobian, capaces de vivir su propia vida, dejando respirar la inteligencia con su natural ritmo, sólo esos raros espíritus, digo, pueden comprender los secretos del arte. Ahí tenemos a Antonio López, abismado en su burbuja de meditación, dueño de una templanza y determinación sin par, y cuya obra quedará impresa en la memoria indeleble de la Historia. O el gran Claudio Bravo, quien se describía así mismo como muy metódico. ¿Cómo, si no, se podrían alumbrar una obras de tan acabada perfección y belleza? Y otro tanto podríamos decir de Franquelo, Muñoz Vera o nuestro admirado anfitrión, Poul Carbajal. Sería difícil, por no decir imposible, saber quién de ellos atesora más paciencia y escrúpulo en la mirada, quién de ellos está más dotado de aquellas raras cualidades que les franquean el paso a un mundo propio e indiferente a las fauces de una época mediocre que devora las mismas entrañas de la inteligencia y amor por las cosas. Sirva este texto como mi reconocimiento y homenaje a esos espíritus valientes que saben nadar contracorriente, fieles a sí mismos, fieles a la realidad, respetuosos con los pulsos del tiempo y la estructura de la materia.


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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Sab Abr 13, 2013 7:28 pm 
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Estimado A. Isidro, paso a detallarle algunas cuestiones:

A. Isidro escribió:
Pienso, estimado Poul, que todo o casi todo conspira en los tiempos corrientes contra el arte verdadero.

Efectivamente, esto es así y tiene una fácil explicación: hoy en día, el Verdadero Arte no puede soportar las demandas del mercado.

Ferias como ARCO son claro ejemplo de ello, en donde la mediocridad y la vulgaridad pavimentada se instalan sin remisión para mantener un flujo de comercio constante, al margen de la Excelencia Artística en el 99,99% de los casos, así de simple y perverso.

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A. Isidro escribió:
Peor aún: por las arterias de los tiempos actuales corre la cicuta que acabará con nuestra civilización. La posmodernidad lleva en sí el germen de su autodestrucción. El culto al cambio, lo nuevo y la diversidad, ya iniciado en la modernidad, alcanza su punto de ebullición en la posmodernidad.

Totalmente de acuerdo.

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A. Isidro escribió:
La modernidad pudo ser creativa y hacer progresar la ciencia, la literatura, las arte y la filosofía, pues, aunque rezaba al Dios de la novedad, todavía seguía conversando con el pasado, del que bebía y se inspiraba. La posmodernidad ya no dialoga con el pasado. Sólo consigo misma, en una especie de soliloquio esquizoide y subjetivista absolutamente improductivo. El pasado, en la mentalidad posmoderna, es un lastre del que hay que liberarse para poder volar hacia un paraíso de progreso, cambios y novedades infinito. La posmodernidad es liviana, etérea, ingrávida. Pero, por eso mismo, inane, lerda y carente de creatividad. Tirar por la borda el legado de siglos no nos ha hecho más creativos. La paradoja del asunto es que el culto al cambio, lo nuevo y lo diverso aboca a la imposibilidad de producir cambios y novedades de valor y novedades auténticas. A falta de nueces, más ruido, más variaciones sobre la nada. Por eso la posmodernidad es tan repetitiva y mortalmente aburrida. Es el sino de una época amnésica: vivir en el presente continuo, vivir en la nada, como los peces y los dementes seniles.

Yo no podría haberlo explicado mejor, resulta muy difícil actualmente apartar todos esos condicionantes de la posmodernidad, e intentar realizar un trabajo digno, al margen de los tiempos y las falacias de nuestro época.

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A. Isidro escribió:
Para el hombre contemporáneo es extremadamente difícil entender -y menos vivir- el concepto de tiempo de que pudieron disfrutar los siglos clásicos. No podemos entender que el tiempo como recinto para la reflexión y la contemplación, para el pensamiento sosegado, juicioso y libre de la mortal prisa y ansia de novedad con que hoy miramos las cosas sin acertar a verlas. Todo se resuelve en una suicida huida hacia adelante, en un horrísono canto a la fugacidad y la superficialidad. Somos incapaces de aprehender la realidad, de atraparla con los mecanismos de la percepción y la inteligencia.

Una vez más, ha dado en el clavo, en mi caso no quiero Pintar más de 20 cuadros, no me interesa la fugacidad ni la superficialidad de una producción extensa, sin un proceso de meditación sosegado y reflexivo. No me puedo permitir ya, pintar cualquier cosa: en mi proceso creativo están incluidos los tiempos intermedios, entre Obra y Obra; encaminando mi planteamiento hacía las antípodas de los ritmos y direccionamientos actuales.
Prefiero aprehender la Realidad, desde lo más íntimo, de dentro hacia a fuera, sin quedarme en la cáscara perceptiva de la mirada del hombre posmoderno.

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A. Isidro escribió:
Ahora empiezo a entender que sólo unos pocos espíritus excepcionales puedan librarse de las garras de la fugacidad posmoderna. Cuanto he leído sobre la biografía de los pocos grandes pintores de hoy, demuestra que únicamente aquellas personas que nacen, o que desarrollan a lo largo de su vida, ese don ya perdido que llamamos paciencia pueden alcanzar a entender los secretos de los grandes artistas y filósofos del pasado. La paciencia es el cimiento en que reposan las inteligencias más lúcidas y penetrantes. Es la virtud que nos permite respetar el tempo de las cosas y los quehaceres con que indagamos la realidad. Sólo esos raros espíritus, capaces de vivir ajenos al trajín y el ruido que nos circundan y agobian, capaces de vivir su propia vida, dejando respirar la inteligencia con su natural ritmo, sólo esos raros espíritus, digo, pueden comprender los secretos del arte. Ahí tenemos a Antonio López, abismado en su burbuja de meditación, dueño de una templanza y determinación sin par, y cuya obra quedará impresa en la memoria indeleble de la Historia. O el gran Claudio Bravo, quien se describía así mismo como muy metódico. ¿Cómo, si no, se podrían alumbrar una obras de tan acabada perfección y belleza? Y otro tanto podríamos decir de Franquelo, Muñoz Vera o nuestro admirado anfitrión, Poul Carbajal. Sería difícil, por no decir imposible, saber quién de ellos atesora más paciencia y escrúpulo en la mirada, quién de ellos está más dotado de aquellas raras cualidades que les franquean el paso a un mundo propio e indiferente a las fauces de una época mediocre que devora las mismas entrañas de la inteligencia y amor por las cosas. Sirva este texto como mi reconocimiento y homenaje a esos espíritus valientes que saben nadar contracorriente, fieles a sí mismos, fieles a la realidad, respetuosos con los pulsos del tiempo y la estructura de la materia.

Muchas gracias por sus amables palabras.

En mi opinión, el don de la paciencia bien entendida (como lo hace Usted), tiene que ser aliñado constantemente con las esencias de un tesón y una curiosidad sin límites, siendo estos, el motor de un Verdadero Artista.
Tan sólo me resta decirle, que mientras existan espectadores con su Sensibilidad, y la mirada lúcida de un Rebelde que se niega caer al fango de una estupidez casi universal hecha "a la carta", valdrá la pena coger los pinceles.

Un afectuoso saludo.
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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Dom Abr 14, 2013 12:07 pm 
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Estimado Poul,

menciona usted el tesón y la curiosidad intelectual, motores del verdadero arte. Nada nos es tan ajeno como el tesón y la curiosidad intelectual. Acostumbrados tanto por el mercado como por los cánticos utópicos y hedonistas de una izquierda falsamente progresista a quererlo todo al instante, nada se hace más insoportable para la mentalidad actual que la espera y el esfuerzo mantenido en el tiempo. Pocas cosas me resultan más desoladoras y tristes que la intemperancia de nuestros niños, quienes, ante el menor obstáculo, abandonan la tarea, alegando que es demasiado difícil. No es culpa de ellos: los hemos educado con los patrones y troqueles de una época oscura que rechaza con gesto displicente el esfuerzo, la paciencia y la tolerancia a la frustración. La historia de esta civilización que hoy periclita hacia el abismo de su decadencia y deceso es la misma que padecieron las civilizaciones clásicas: es la historia de unos seres hedonistas atrapados en la jaula de los placeres sensuales sin límite. Nada nuevo bajo el sol, salvo, quizá, la celeridad de vértigo con que hoy se degradan las cosas.
La cuestión es, pienso, la siguiente: buscamos la felicidad, y asociamos ésta al discurrir fácil, la distracción permanente y la ausencia de resistencia. Cualquier mínimo esfuerzo nos parece contrario a la felicidad. Por eso esperamos que otros, con espectáculos cada vez más y más vulgares y carentes de calidad, nos distraigan, entretengan y diviertan. Sin embargo, algunos -muy pocos- sabemos que el verdadero goce de la vida pasa, inexcusablemente, por el esfuerzo, por el tesón y la perseverancia; pues sólo así consigue la persona la suficiente penetración intelectual como para poder gozar de los verdaderos tesoros de la Cultura. Sin una mente tallada en el esfuerzo, no hay posibilidad de atisbar la felicidad en el horizonte de nuestras vidas. Sin una vida de tesón no se puede gozar planamente de Einstein, Shakespeare, Mozart o Velázquez. Sus significados más profundos no podrán alcanzar el seno de nuestra inteligencia. Ni podremos experimentar -si de pintura hablamos- el placer de conquistar el dibujo correcto o la sutil veladura, o la composición maestra. Veremos cómo algunos otros -muy pocos- tocan la guitarra con maestría, pintan con talento o resuelven complejas fórmulas matemáticas, pero jamás tendremos la suerte de gozar con esas difíciles y preciosas actividades. Al hombre posmoderno, viciado en la golosina de la motivación y la facilidad, sólo puede gozar de placeres mundanos y groseros, cada vez más avecinados con la barbarie de la selva: el cotilleo, las habladurías, los hueros y espectaculares efectos especiales de un cine cada vez más tontorrón, las groserías, el sexo pornográfico (jamás erótico), el deporte de masas, la violencia y la sangre... El concepto, el frío concepto (que es el oxígeno de la inteligencia) ha quedado arrumbado y ha sido objeto de escarnio en la plaza pública de la posmodernidad, lancinado por el relativismo y el subjetivismo más necios. Queda, entonces, únicamente, recurrir al fogonazo emocional, a la intensificación sensorial del producto (esa película de imágenes vertiginosas y brutales sonidos de acompañamiento), al impacto de la provocación gratuita y traída sin ocasión. Queda el ruido, como diría el gran dramaturgo inglés.

Soy yo (e imagino que cuantos visitan este magnífico blog), estimado Poul, quien ha de quedar sumamente agradecido de que usted coja el pincel y nos muestre qué maravillas puede alcanzar una mano dueña de sí misma y una disciplinada inteligencia volcada en la nobilísima tarea de pintar de la realidad con el máximo escrúpulo y honradez, sin hacer concesiones a la falsía de una época que se encamina a la selva sin saberlo.

Un afectuoso saludo.


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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Mié Abr 17, 2013 1:33 pm 
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Estimado A. Isidro,

A. Isidro escribió:
Nada nos es tan ajeno como el tesón y la curiosidad intelectual.

Efectivamente, parece que en estos tiempos, resulta prácticamente imposible hacer de la curiosidad y el tesón los cimientos de la actividad diaria de cualquier disciplina Artística (llevando consigo necesariamente, un soporte intelectual muy profuso).

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A. Isidro escribió:
…nada se hace más insoportable para la mentalidad actual que la espera y el esfuerzo mantenido en el tiempo.

Totalmente de acuerdo, por esta razón, ciertas galerías de EE. UU. se quedan sorprendidas cuando se interesan por mi Labor, al tiempo que me solicitan 30 cuadros para realizar una Exposición individual y les contesto que necesitaría 40 años para satisfacer su petición.
Vivimos en un mundo en donde lo inmediato, lo fugaz y lo superficial, se apoderan inexorablemente de los tiempos y ritmos de nuestra existencia.

*****
A. Isidro escribió:
Pocas cosas me resultan más desoladoras y tristes que la intemperancia de nuestros niños, quienes, ante el menor obstáculo, abandonan la tarea, alegando que es demasiado difícil. No es culpa de ellos: los hemos educado con los patrones y troqueles de una época oscura que rechaza con gesto displicente el esfuerzo, la paciencia y la tolerancia a la frustración.

Así es, a veces en mi Academia, tengo la sensación de que algun@s de mi Alumn@s no entienden lo que subyace, al indicarles que no realicen un círculo con un compás o un ordenador, sino que lo Dibujen a mano alzada, con una estructura previa, al carboncillo. En la sociedad actual, infinidad de veces este planteamiento no tiene cabida: la "inmediatez" del compás acaba imponiéndose en demasiadas ocasiones, generándose así un trazado, anodino, plano y sin pulso vital.

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A. Isidro escribió:
La historia de esta civilización que hoy periclita hacia el abismo de su decadencia y deceso es la misma que padecieron las civilizaciones clásicas: es la historia de unos seres hedonistas atrapados en la jaula de los placeres sensuales sin límite. Nada nuevo bajo el sol, salvo, quizá, la celeridad de vértigo con que hoy se degradan las cosas.

Ese vértigo está alimentado sin duda, por la Tecnología mal entendida, y por las multinacionales (verdaderas inductoras de ese constante `usar y tirar´) con su obsolescencia programada, haciendo que se confundan valor y precio sin remisión.

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A. Isidro escribió:
La cuestión es, pienso, la siguiente: buscamos la felicidad, y asociamos ésta al discurrir fácil, la distracción permanente y la ausencia de resistencia. Cualquier mínimo esfuerzo nos parece contrario a la felicidad. Por eso esperamos que otros, con espectáculos cada vez más y más vulgares y carentes de calidad, nos distraigan, entretengan y diviertan.

El entretenimiento, ese viejo enemigo del Arte, ahora fortalecido por la sociedad del espectáculo: funciona como una de las peores drogas de diseño, hábilmente instalada en el neocórtex de individuos de toda condición, sobre todo en los que como bien indica, carecen de la Sensibilidad y la Cultura necesarias en todo espectador inteligente, dejándose embaucar por los cantos de sirena y los fuegos artificiales del bombardeo contínuo y premeditado de imágenes/concepto enlatadas, vacías y sin fondo.

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A. Isidro escribió:
Sin embargo, algunos -muy pocos- sabemos que el verdadero goce de la vida pasa, inexcusablemente, por el esfuerzo, por el tesón y la perseverancia; pues sólo así consigue la persona la suficiente penetración intelectual como para poder gozar de los verdaderos tesoros de la Cultura. Sin una mente tallada en el esfuerzo, no hay posibilidad de atisbar la felicidad en el horizonte de nuestras vidas. Sin una vida de tesón no se puede gozar planamente de Einstein, Shakespeare, Mozart o Velázquez.

No podría ser de otra forma, todo intelecto inquieto y/o superior, se nutre y desarrolla a través del esfuerzo y el tesón. No conozco la existencia de Genio alguno, que no sometiera su Cerebro a una infatigable labor de profundización en su disciplina -con todo lo que conlleva-, ampliando exponencialmente el calado emocional de su(s) Obra(s), alcanzando en la mayoría de los casos, la Verdad Absoluta (antesala de la Felicidad).

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A. Isidro escribió:
Sus significados más profundos no podrán alcanzar el seno de nuestra inteligencia. Ni podremos experimentar -si de pintura hablamos- el placer de conquistar el dibujo correcto o la sutil veladura, o la composición maestra. Veremos cómo algunos otros -muy pocos- tocan la guitarra con maestría, pintan con talento o resuelven complejas fórmulas matemáticas, pero jamás tendremos la suerte de gozar con esas difíciles y preciosas actividades.

Casi todo está abonado con la receta de la mediocridad, haciendo casi imposible el florecimiento de primeras figuras: la proporción ha pasado de 1/10.000 (como ocurría en tiempos pretéritos) a 1/1000.000.000… ¿Dónde están los Mozarts o los Velázquez de hoy?, actualmente los Artistas más destacados son "aprendices de brujo" de los primeros, de los Verdaderos Maestros de la Historia del Arte. Salvo muy honrosas excepciones, el panorama es desalentador…

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A. Isidro escribió:
Al hombre posmoderno, viciado en la golosina de la motivación y la facilidad, sólo puede gozar de placeres mundanos y groseros, cada vez más avecinados con la barbarie de la selva: el cotilleo, las habladurías, los hueros y espectaculares efectos especiales de un cine cada vez más tontorrón, las groserías, el sexo pornográfico (jamás erótico), el deporte de masas, la violencia y la sangre...

Ese envenenado caramelo, aliñado con la droga antes mencionada, es el peor de los sucedáneos: genera en el sujeto una panoplia de ilusiones cada día más fútiles, basadas estas en el repetitivo espoleo de la sinápsis más primaria al saborearlo.

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A. Isidro escribió:
El concepto, el frío concepto (que es el oxígeno de la inteligencia) ha quedado arrumbado y ha sido objeto de escarnio en la plaza pública de la posmodernidad, lancinado por el relativismo y el subjetivismo más necios. Queda, entonces, únicamente, recurrir al fogonazo emocional, a la intensificación sensorial del producto (esa película de imágenes vertiginosas y brutales sonidos de acompañamiento), al impacto de la provocación gratuita y traída sin ocasión. Queda el ruido, como diría el gran dramaturgo inglés.

Queda la "música" de ascensor, en imperturbable descenso hacia desastroso fango conceptual del "todo vale", siendo ésta máxima, el podrido legado "artístico" de los últimos 75 años.

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A. Isidro escribió:
Soy yo (e imagino que cuantos visitan este magnífico blog), estimado Poul, quien ha de quedar sumamente agradecido de que usted coja el pincel y nos muestre qué maravillas puede alcanzar una mano dueña de sí misma y una disciplinada inteligencia volcada en la nobilísima tarea de pintar de la realidad con el máximo escrúpulo y honradez, sin hacer concesiones a la falsía de una época que se encamina a la selva sin saberlo.

Muchas gracias por sus amables palabras acerca de mi Labor como Pintor, sé que todavía existen pequeños reductos para desarrollar mi Trabajo, éste puede ser uno de ellos, ya que alimenta mi espíritu y ordena mis pensamientos al ponerlos en negro sobre blanco; prometo eliminar lo antes posible, la publicidad de los efervescentes banners y las mal llamadas "hot words" subrayadas en verde oliva, para defendernos más si cabe, de la penosa influencia de los medios de difusión (que no comunicación).

Otro afectuoso saludo.
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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Sab Abr 27, 2013 1:05 pm 
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Registrado: Lun Feb 25, 2013 10:55 am
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Estimado Poul,

no podría estar más de acuerdo con sus reflexiones. Nunca he pisado Arco, pero lo que he visto por la tele es, cuando menos, lamentable y ridículo. Si unos extraterrestres nos visitaran y sólo pudieran ver lo que allí se expone, pensarían, sin duda, que la nuestra es una especie absolutamente negada para el arte. Es más: tendrían sobradas razones para creer que los terrícolas estamos mentalmente enfermos. ¿Cómo conciliar el milagro de La Piedad (del gran Miguel Ángel) con las inmundicias de Arco? ¿Cómo explicar semejante retroceso? Obviamente, son muchas las razones que explican la degradación del arte. Me limitaré a esbozar una breve reflexión sobre uno de los posibles factores intervinientes.
La grandeza es hija de la humildad. Las naderías, de la vanidad. Las grandes obras de arte clásico fueron concebidas por hombres convencidos de que el mundo es obra de Dios, la cual, por ser tal, es preciso reverenciar. La magnificencia de las catedrales o las pirámides de Egipto nos habla de hombres entregados a un excelso trabajo de reverencia, de postración ante el Todopoderoso. No se escatimaban esfuerzos para levantar tan tremendos monumentos de piedra, ni se regateaba ingenio en tan trascedentes y casi sobrehumanas empresas, pues todo era poco para contentar a Dios. Observemos La Piedad de Miguel Ángel. No es concebible mayor perfección técnica. Ni pensable un mayor respeto en la representación marmórea de La Virgen y Jesús. El respeto por el objeto representado exige la más depurada técnica. El Cristo crucificado de Velázquez es otro ejemplo mayúsculo de respeto y técnica. Sería una ofensa a Dios pintarlo sin la necesaria pericia. Leonardo hizo uso de todo su talento para plasmar con sublime gracia sus madonas, ángeles o apóstoles. O al mismo Jesucristo en la última cena.
En general, el arte de siglos pasados se inspiraba en grandes temas que, por ello mismo, exigían la máxima concentración y respeto del artista: grandes batallas, acontecimientos milagrosos, sucesos mitológicos, escenas palaciegas, etc. Todo esto cambió de manera radical en la era moderna. Los pintores descubrieron que no necesitaban grandes temas para hacer obras de arte, sino, simplemente, motivos. Hete aquí una profunda inflexión en la historia del arte que debemos tener muy en cuenta. En los motivos ya no había nada trascendente en el sentido clásico, ni las cosas del mundo estaban sostenidas por la mirada ubicua de Dios. Cierto grado de irreverencia fue posible porque la naturaleza y los hombres habían perdido su carácter sagrado. Ahora bien, con todo esto no estoy diciendo que no sea posible hacer un gran arte del motivo. No es necesario creer que un Dios personal está detrás de cada objeto que representamos en el lienzo para obrar con el máximo respeto (técnica), para pintarlo con escrúpulo y honradez. Pero ocurre, eso sí, que muy pocos son los llamados a proceder así. El mérito de Antonio López, por ejemplo, es doble, pues él ha sabido ver y aprehender el misterio de las cosas mundanas de nuestro mundo. Ha sabido reconocer lo divino en cualquier objeto mundano, incluso en un cuarto de baño mugriento. No es preciso pintar una Virgen para pintar con respeto: basta con entender que cada cosa que nos rodea está penetrada de misterio; y, por eso mismo, todo cuanto nos rodea, desde lo más ampuloso a lo más humilde, ha de movilizar en nosotros, los espectadores, todos los recursos de la curiosidad intelectual.
Pero el problema es que muy pocos hombres están dotados para zafarse del asfixiante abrazo del nihilismo que hoy nos señorea. Exista o no exista Dios (en esto no entro), cuanto nos rodea es una maravilla. Creo que usted, amigo Poul, ha sabido entender como pocos la importancia de comprender el objeto representado desde dentro, pues eso es penetrar en las arcanas leyes que lo gobiernan. A nadie nos sorprende que el conocimiento de la personalidad de un retratado enriquezca el resultado final del retrato, de la obra. Cuando nos familiarizamos con el sujeto que hemos de representar, cuando lo conocemos por dentro, podemos retratarlo más fielmente por fuera. Algunos maestros del pasado se dedicaron a diseccionar el cuerpo de personas muertas para mejor conocer su anatomía. Conocer la estructura interior facilita el reconocimiento de las formas exteriores.

Pero decía que muy pocos son los que se libran de una mirada superficial y desacralizada de la realidad, pues son arrollados por un incontenible caudal de nihilismo y banalidad. No es ésta una época en que la humildad pueda hacer acto de presencia. Ensoberbecidos en nuestro yo, halagados por el mercado y otros megáfonos de la demagogia, estamos impedidos para estudiar el mundo como los seres intelectualmente menesterosos que somos. Es la humildad, irónicamente, la virtud que nos puede hacer grandes, pues solo cuando media la humildad nos avenimos a prestar atención a nuestro derredor. Envanecidos, displicentes e individualistas, sólo atinamos a vernos a nosotros mismos como si fuéramos el ombligo del mundo, y a exigir que los demás nos miren, aunque nuestros mayores méritos quepan en el ojo de una aguja. Reclamamos, como los niños malcriados que somos, nuestro minuto de gloria, de atención pública: es la máxima hiperdemocrática. De ahí el éxito de esperpéticos programas como El Gran Hermano y similares. Endiosados y pagados de nosotros mismos, exigimos atención por el mero hecho de existir, incapaces de ofrecen al mundo nada de valor. ¿Qué ofrece el concursante de Gran Hermano aparte de tediosos actos de cotidianidad o forzadas escenas de conflictos de convivencia? Nada. ¿Qué ofrece el "artista" de Arco? Una nadería o una extravagancia. La extravagancia es un afluente descarriado de la cotidianidad. Es la tibia rareza de quien, incapaz de asombrar, se limita a provocar. Pero una silla corriente expuesta en Arco no es arte, por más que se empeñen en decirnos que sí los gurús de la posmodernidad. Para ser arte ha de ser contemplada y estudiada como lo hacen los grandes artistas: por quienes han sabido apreciar, realmente, la belleza de una simple silla, quienes han estudiado sus formas, colores y estructura con tino y gracia. Colocar una silla en una sala de arte y pretender que con ello se hace arte no es otra cosa que un pasmoso acto de vanidad. La vanidad de quien cree que merece atención por nada.

Decía Gohete que las épocas regresivas y decadentes son aquéllas que centran su atención en el sujeto, en la psicología. Las épocas ascendentes y progresivas son, por el contrario, las que se centran en el objeto, en el mundo exterior. Nuestra época está obsesionada con el sujeto, al punto de que todo ha de pasar por un proceso de "psicologización" Todo está concebido para contentar el yo egocéntrico del ciudadano hiperdemocrático. Para nosotros, pobres criaturas endiosadas de vanidad, el mundo se ha vuelto prosaico e indigno de nuestra reverencia. Nos importamos sólo nosotros. Y la enorme ironía que se esconde en estas maniobras psicológicas en que el objeto (el mundo exterior y sus leyes) es sistemáticamente ninguneado, es que el sujeto acaba por desaparecer. Un Dios sin Obra no es Dios. Y eso es lo que pretendemos nosotros, ser dioses sin Obra. Así como el hombre indujo la existencia de Dios (sea cierto o no que exista) de la contemplación y examen de su (supuesta) Obra (esto es, de la contemplación del universo), nosotros estamos obligados a reconocernos criaturas inteligentes sólo en la medida en que seamos autores de una Obra digna y excelsa. Pero si no somos capaces de concebir tales Obras, simplemente desaparecemos como sujetos activos, deviniendo meros objetos, o criaturas vivientes carentes de conciencia.

Un afectuoso saludo.


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 Asunto: Re: REFLEXIÓN VI -VIVIR DEL ARTE-
NotaPublicado: Mar May 07, 2013 7:34 pm 
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Estimado A. Isidro,

Le comento algunas cuestiones:

A. Isidro escribió:
no podría estar más de acuerdo con sus reflexiones. Nunca he pisado Arco, pero lo que he visto por la tele es, cuando menos, lamentable y ridículo. Si unos extraterrestres nos visitaran y sólo pudieran ver lo que allí se expone, pensarían, sin duda, que la nuestra es una especie absolutamente negada para el arte. Es más: tendrían sobradas razones para creer que los terrícolas estamos mentalmente enfermos.

En mi caso, no me queda más remedio que pisar dicha Nave de los Despropósitos, e ir directo al Stand de la Galería Marlborough para contemplar la Obra de López, Franquelo y Bravo únicamente -siempre confirmo telefónicamente con la galerista antes de emprender el trayecto-. Antes de llegar a dicho espacio, mi mirada es incapaz de posarse sobre los desvaríos propios de nuestro tiempo, temiendo a su vez, una contaminación audio-visual y conceptual de mi intelecto: cada año soy más intolerante, y alejo todo lo posible mi punto de vista de semejantes vacíos argu_mentales. Es como intentar acceder a un Concierto de Música Clásica atravesando un recinto invadido por ruido pop, rock etc. -a veces incluso me aíslo auditivamente-; este ruido como bien sabemos los dos, está destinado a satisfacer las sinapsis más superficiales y primarias que no requieren ninguna Reflexión por parte del espectador/oyente.

*****
A. Isidro escribió:
¿Cómo conciliar el milagro de La Piedad (del gran Miguel Ángel) con las inmundicias de Arco? ¿Cómo explicar semejante retroceso? Obviamente, son muchas las razones que explican la degradación del arte. Me limitaré a esbozar una breve reflexión sobre uno de los posibles factores intervinientes.

Imposibles de conciliar; esta degradación se encuentra instalada a todos los niveles, pero soy tajante: en el Arte NO puede cohabitar la mediocridad, no caigamos en el juego "intelectualoide" de los últimos decenios, alimentado sin remordimiento por mentes al servicio del marketing e intereses más o menos ocultos, no cuela: NO ES ARTE. El Arte, por definición, no se puede degradar y nunca es mediocre. Es o no es.
Afortunadamente, tenemos ejemplos como el que Usted cita: La Piedad es un Referente inamovible del significado de la palabra ARTE, su Noble Mármol e imperturbable temporalidad nos revelan el Camino a seguir, aunque no lleguemos al destino soñado por todo Artista, lo importante es tener bien localizados dichos Referentes al margen de modas, estupideces y la visión sesgada del hombre contemporáneo.

*****
A. Isidro escribió:
La grandeza es hija de la humildad. Las naderías, de la vanidad. Las grandes obras de arte clásico fueron concebidas por hombres convencidos de que el mundo es obra de Dios, la cual, por ser tal, es preciso reverenciar. La magnificencia de las catedrales o las pirámides de Egipto nos habla de hombres entregados a un excelso trabajo de reverencia, de postración ante el Todopoderoso. No se escatimaban esfuerzos para levantar tan tremendos monumentos de piedra, ni se regateaba ingenio en tan trascedentes y casi sobrehumanas empresas, pues todo era poco para contentar a Dios. Observemos La Piedad de Miguel Ángel. No es concebible mayor perfección técnica.

La Técnica entendida como una globalidad en el Arte Plástico, abarca desde la forma de respirar hasta el modo de disponer los pigmentos sobre la paleta, no puede estar limitada a las estrecheces de un mero concepto o una "idea" por muy -presuntamente- revolucionaria o innovadora que sea a priori. Esa es la verdadera Técnica, la ineludible Grandeza; un verdadero Artista tiene que estar dispuesto a afrontar empresas que desde un punto de vista pragmático, sean imposibles de acometer. Sólo La Técnica en su máxima expresión harán de la travesía, un viaje profundo de renovación individual no exento de peligros: ¿cómo volver atrás si un golpe mal dado, quiebra el mármol de una Escultura?, ahora no importa, vivimos en la era de lo sustituible, de los adhesivos, de la fibra de vidrio y los moldes de alginato.

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A. Isidro escribió:
Ni pensable un mayor respeto en la representación marmórea de La Virgen y Jesús. El respeto por el objeto representado exige la más depurada técnica. El Cristo crucificado de Velázquez es otro ejemplo mayúsculo de respeto y técnica. Sería una ofensa a Dios pintarlo sin la necesaria pericia. Leonardo hizo uso de todo su talento para plasmar con sublime gracia sus madonas, ángeles o apóstoles. O al mismo Jesucristo en la última cena.

El origen de ese Respeto por el objeto representado, indudablemente empieza por el Respeto por uno mismo: jamás pintaré ya con acrílicos (que tienen un secado más rápido, propio de los plásticos), nunca calcaré una fotografía, no encenderé la pantalla de un ordenador para intentar escanear la Perspectiva Aérea de un Paisaje. Eso es Técnica y Respeto por ella; el caramelo envenenado de la Tecnología, aboca sin remedio a infinidad de autores al fondo pantanoso de un pozo que no deja ver más allá del fulgor vácuo de una bengala alimentada por un combustible que rinde culto a lo efímero, a lo intrascendente.

*****
A. Isidro escribió:
En general, el arte de siglos pasados se inspiraba en grandes temas que, por ello mismo, exigían la máxima concentración y respeto del artista: grandes batallas, acontecimientos milagrosos, sucesos mitológicos, escenas palaciegas, etc. Todo esto cambió de manera radical en la era moderna. Los pintores descubrieron que no necesitaban grandes temas para hacer obras de arte, sino, simplemente, motivos. Hete aquí una profunda inflexión en la historia del arte que debemos tener muy en cuenta. En los motivos ya no había nada trascendente en el sentido clásico, ni las cosas del mundo estaban sostenidas por la mirada ubicua de Dios. Cierto grado de irreverencia fue posible porque la naturaleza y los hombres habían perdido su carácter sagrado. Ahora bien, con todo esto no estoy diciendo que no sea posible hacer un gran arte del motivo. No es necesario creer que un Dios personal está detrás de cada objeto que representamos en el lienzo para obrar con el máximo respeto (técnica), para pintarlo con escrúpulo y honradez. Pero ocurre, eso sí, que muy pocos son los llamados a proceder así. El mérito de Antonio López, por ejemplo, es doble, pues él ha sabido ver y aprehender el misterio de las cosas mundanas de nuestro mundo. Ha sabido reconocer lo divino en cualquier objeto mundano, incluso en un cuarto de baño mugriento. No es preciso pintar una Virgen para pintar con respeto: basta con entender que cada cosa que nos rodea está penetrada de misterio; y, por eso mismo, todo cuanto nos rodea, desde lo más ampuloso a lo más humilde, ha de movilizar en nosotros, los espectadores, todos los recursos de la curiosidad intelectual.

López, Franquelo, Bravo son Artistas de Vanguardia que supieron leer este mensaje. Al contemplar la mayoría de sus Obras, se hace patente sin paliativos la máxima de "si Dios está en todas partes, he aquí la Prueba de ello", siendo este hilo conductor, el transmisor necesario de un hondo calado emocional en el espectador, sin artificios ni edulcorantes. Lo interesante de este asunto, es que pese a las interferencias propias del mundo inundado de captores y reproductores de imágenes enlatadas en el que vivimos, aún quedan espacios para la introspección y la meditación en donde se podría acceder a ese grado de Consciencia, siempre y cuando recuperemos el espíritu de la Profundización y la Reflexión interna. Sólo los Grandes Artistas entienden actualmente esta dualidad, encontrando en cada rincón de los sujetos/objetos representados ese misterio inabarcable de toda Obra de Arte.

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A. Isidro escribió:
Pero el problema es que muy pocos hombres están dotados para zafarse del asfixiante abrazo del nihilismo que hoy nos señorea. Exista o no exista Dios (en esto no entro), cuanto nos rodea es una maravilla. Creo que usted, amigo Poul, ha sabido entender como pocos la importancia de comprender el objeto representado desde dentro, pues eso es penetrar en las arcanas leyes que lo gobiernan. A nadie nos sorprende que el conocimiento de la personalidad de un retratado enriquezca el resultado final del retrato, de la obra. Cuando nos familiarizamos con el sujeto que hemos de representar, cuando lo conocemos por dentro, podemos retratarlo más fielmente por fuera. Algunos maestros del pasado se dedicaron a diseccionar el cuerpo de personas muertas para mejor conocer su anatomía. Conocer la estructura interior facilita el reconocimiento de las formas exteriores.

Sin dudarlo, este tipo de exploraciones es infinitamente más rico y complejo. La información aportada por el Estudio profundo de los elementos de una composición no puede ser reemplazada por la que otorga fotografía alguna, por muy buena que sea, ya que para empezar, es errónea. Una de las mayores falacias de la actualidad, es aunar el acto fotográfico con La Realidad; de facto, términos como "hiperrealismo" o "fotorrealismo" son totalmente falsos en su raíz etimológica ya que no se puede ir más allá de la Realidad y la fotografía no puede reemplazarla, es imposible. Recuerdo con sonrojo, las palabras de ciertos autores que basan su discurso visual en la copia indiscriminada de reproducciones fotográficas, con un tratamiento totalmente plano y anodino, sin Lenguaje Pictórico alguno, estando encantados al tiempo con que sus "obras" no se puedan distinguir de una captura foto-mecánica. Es más, ni siquiera en esas meras transcripciones visuales colocan bien las letras, cometiendo inclusive, innumerables faltas de ortografía; obvio decir que en dichos despropósitos no existe gramática ni, por su puesto, prosa alguna, quedando el contenido -si es que queda algo- reducido a la mínima expresión, como ocurre en un sms.
Este terrible mal que aúna fotografía con Realidad/Verdad, actúa como un denso tumor que se expande sin remisión, en el cerebro de infinidad de personas que, por desgracia, no cuentan con un mínimo de Verdadera Cultural Visual, es decir, sólo tienen la lamentable influencia de los medios de difusión y el bombardeo -muchas veces premeditado-, de imágenes procesadas y emitidas en deleznables sistemas de "color" RGB y CMYK, ofreciendo al tiempo, una mermada y distorsionada visión del entorno.

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A. Isidro escribió:
Pero decía que muy pocos son los que se libran de una mirada superficial y desacralizada de la realidad, pues son arrollados por un incontenible caudal de nihilismo y banalidad. No es ésta una época en que la humildad pueda hacer acto de presencia. Ensoberbecidos en nuestro yo, halagados por el mercado y otros megáfonos de la demagogia, estamos impedidos para estudiar el mundo como los seres intelectualmente menesterosos que somos. Es la humildad, irónicamente, la virtud que nos puede hacer grandes, pues solo cuando media la humildad nos avenimos a prestar atención a nuestro derredor. Envanecidos, displicentes e individualistas, sólo atinamos a vernos a nosotros mismos como si fuéramos el ombligo del mundo, y a exigir que los demás nos miren, aunque nuestros mayores méritos quepan en el ojo de una aguja.

En este punto, le comento que defiendo férreamente el Individualismo como cualidad vital -sobre todo- en el ámbito de la disciplina Artística; siempre y cuando se cimiente nuestro ego, sobre un Trabajo digno y realmente válido.
Al contemplar la Obra de muchos de los Grandes Maestros del Arte, intuyo una actitud de aislamiento previo Consciente, es decir, jamás caen en el ridículo acomodo de la sonrisa permanente hacia los demás, teniendo alguno de ellos, un historial delictivo -que no comparto- en los casos más extremos, como ocurrió con Caravaggio.
Hoy en día, contamos con una "filosofía" de 5ª -sucedáneo de una verdadera reflexión interna del individuo-, muchas veces auspiciada por infinidad de multinacionales que, por ejemplo, editan "libros" de auto-ayuda, llegándose incluso, a aberraciones tremebundas de títulos que intentan unir con el pegamento de la ignorancia, a figuras irrepetibles del la Historia del Arte como Leonardo Da Vinci, con el presunto talento del lector. Hasta ese punto de irreverencia y de falta de ética se ha llegado en nuestros días. Terrible.

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A. Isidro escribió:
Reclamamos, como los niños malcriados que somos, nuestro minuto de gloria, de atención pública: es la máxima hiperdemocrática. De ahí el éxito de esperpéticos programas como El Gran Hermano y similares. Endiosados y pagados de nosotros mismos, exigimos atención por el mero hecho de existir, incapaces de ofrecen al mundo nada de valor. ¿Qué ofrece el concursante de Gran Hermano aparte de tediosos actos de cotidianidad o forzadas escenas de conflictos de convivencia? Nada. ¿Qué ofrece el "artista" de Arco? Una nadería o una extravagancia. La extravagancia es un afluente descarriado de la cotidianidad. Es la tibia rareza de quien, incapaz de asombrar, se limita a provocar. Pero una silla corriente expuesta en Arco no es arte, por más que se empeñen en decirnos que sí los gurús de la posmodernidad. Para ser arte ha de ser contemplada y estudiada como lo hacen los grandes artistas: por quienes han sabido apreciar, realmente, la belleza de una simple silla, quienes han estudiado sus formas, colores y estructura con tino y gracia. Colocar una silla en una sala de arte y pretender que con ello se hace arte no es otra cosa que un pasmoso acto de vanidad. La vanidad de quien cree que merece atención por nada.

Deduzco que Usted se refiere a programas de tele-"visión". Bien, en este punto, le comento que tan sólo enciendo dicho aparato para enseñarles a mis alumn@s las inevitables y profundas limitaciones de la imagen ofrecida, con un sistema cerrado de vídeo: enfocando mi cámara de hacia un monitor de TV con un cierto ángulo, retro-alimentándose los dos instrumentos (captor y reproductor) poniéndose de manifiesto, la profunda degradación de las "imágenes" repetidas sucesivamente, reproducción tras reproducción. Algo así está ocurriendo también, lamentablemente, con la "evolución" del Ser Humano, gen_eración tras gen_eración.

Así mismo y como bien indica, una silla corriente expuesta en Arco, NO es Arte; de hecho, una silla nunca es (ni será) Arte -por muy bien realizada o construída que esté-, debido principalmente a la naturaleza de su génesis: La funcionalidad. Una silla sirve para sentarse en ella, y este acto, jamás responderá a las Preguntas Capitales de todo ser inteligente, no puede bajo ningún concepto, completarnos a un nivel superior de auto-consciencia.

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A. Isidro escribió:
Decía Gohete que las épocas regresivas y decadentes son aquéllas que centran su atención en el sujeto, en la psicología. Las épocas ascendentes y progresivas son, por el contrario, las que se centran en el objeto, en el mundo exterior. Nuestra época está obsesionada con el sujeto, al punto de que todo ha de pasar por un proceso de "psicologización" Todo está concebido para contentar el yo egocéntrico del ciudadano hiperdemocrático. Para nosotros, pobres criaturas endiosadas de vanidad, el mundo se ha vuelto prosaico e indigno de nuestra reverencia. Nos importamos sólo nosotros. Y la enorme ironía que se esconde en estas maniobras psicológicas en que el objeto (el mundo exterior y sus leyes) es sistemáticamente ninguneado, es que el sujeto acaba por desaparecer. Un Dios sin Obra no es Dios. Y eso es lo que pretendemos nosotros, ser dioses sin Obra. Así como el hombre indujo la existencia de Dios (sea cierto o no que exista) de la contemplación y examen de su (supuesta) Obra (esto es, de la contemplación del universo), nosotros estamos obligados a reconocernos criaturas inteligentes sólo en la medida en que seamos autores de una Obra digna y excelsa. Pero si no somos capaces de concebir tales Obras, simplemente desaparecemos como sujetos activos, deviniendo meros objetos, o criaturas vivientes carentes de conciencia.

Esa falta de conciencia general, es uno de los detonantes actuales de tantísima mediocridad. Cuando todo da igual (aparentemente, en la superficie), no se puede ir más allá de la anécdota o lo banal: una gran mayoría se conforma con dar cuatro saltos los fines de semana -o algo peor-, para volver irremediablemente, de lunes a viernes, a una paupérrima existencia, basada en los impulsos atrozmente calculados de la sociedad del espectáculo y el entretenimiento, contrarios éstos, no sólo a la verdadera expresión artística y vital, sino también, al sentido común; creyendo que esa panacea de lo inmediato es el no va más en cuanto a satisfacción personal. Es la psicología del auto-engaño y lo fugaz. Es el legado de la podredrumbe moral, una suerte de vacío en casi todos los ámbitos y sectores. Salvo rarísimas y contadísimas excepciones, todo desaparece: no se puede pretender ningún acto de creación interesante, es casi imposible.

Sólo nos quedan los Referentes: http://arte.forogratis.es/reflexion-xi-sobre-la-localizacion-de-referentes-t15.html

Un afectuoso saludo.
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